miércoles 25 de noviembre de 2009

1er FESTIVAL DE LAS ARTES LGBT “MARKO CASTILLO”

Puebla, Pue. a 25 de noviembre de 2009

BOLETIN

1er FESTIVAL DE LAS ARTES LGBT “MARKO CASTILLO”


DEL 28 DE NOVIEMBRE AL 5 DE DICIEMBRE LA CIUDAD DE LOS ÁNGELES VESTIRÁ A LAS ARTES DE COLORES.

Con el afán de visibilizar el quehacer artístico de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, del 28 de noviembre al 5 de diciembre en la heroica ciudad de Puebla de Zaragoza se llevará a cabo el 1ER FESTIVAL DE LAS ARTES LGBT MARKO CASTILLO, en homenaje al actor, director, dramaturgo, diseñador, vestuarista y promotor teatral poblano.

EL TALLER/ CENTRO DE SENSIBILIZACIÓN Y EDUCACIÓN HUMANA A.C. creada para vincular procesos artísticos y culturales con la sensibilización y promoción de los derechos humanos, vestirá a la ciudad de los ángeles con una gama de eventos de colores. La inauguración será el 28 de noviembre y tendrá como sede las instalaciones de EL TALLER (16 de septiembre 1106_7 Col. El Carmen.) con “SIRENA DE BAR”, un espectáculo Dragqueen de Marco Polo Rguez. a las 8:30 p.m. además del Performance VIHDA con poemas de Marko Castillo. El domingo 29 se presenta “LA CASA DE BERNARDA ALBA” de Federico García Lorca en el Teatro Víctor Puebla con la Cía. Nacional de Teatro Antorchista (5 Pte. 318). El lunes 30 a las 6 p.m. se inicia el día con “AMORES DE SEGUNDA MANO” de Enrique Serna con la dirección de Alfredo Cruz en Espacio 1900, mientras que en MUSA Cultura Visual (3 sur 504) a las 8 p.m. Manuel Palacios presenta “DRÁCULA GAY” un divertido monólogo de Tomas Urtusastegui. El martes 1º de diciembre “Día Internacional de la Lucha contra el SIDA” a las 7 p.m. será el estreno mundial de “ANIVERSARIO”/ Grupo de Teatro del Oprimido de Puebla con texto y dirección de Laura Fernández en EL TALLER; y a las 9 p.m. se presentará “EN LA CAMA CON ELISA RECARGADA” de Israel Macuitl con la dirección de Joshua Sánchez en El Breve espacio (7 norte No 8). El día miércoles 2 de diciembre se presentará la obra “CUESTIÓN DE GÉNEROS” de Gilda Salinas con la dirección de Jean Luna a las 6 p.m. en el Teatro Victor Puebla (5 Pte. 318) Mientras que a las 8:30 p.m. TEATROFILIA presenta: “MOSCA” de Fabio Rubiano Orjuela con la dirección de Abel Tovar en Espacio 1900. El día Jueves 3 de diciembre se presentará “OBVIO, NO” El musical, dirigida por Daniel Rivera y Luis Lavalle en el Teatro Víctor Puebla a las 6 pm. Mientras que el grupo Utopía Cuerpo Espacio hará acto de presencia con la obra “ABISMO” de Martín Zapata y dirigida por Aida Andrade a las 8 p.m. en EL TALLER (16 de sep. 1106-7) Y a las 10 de la noche, Iván Conde Presenta: ¡ESTE GUSTO MIO! Jazz, Big Band y un tango en MUSA Cultura Visual. El viernes 4 de octubre “EL HOMOSEXUAL O LA DIFICULTAD DE EXPRESARSE” de Copi con Lenguas Prietas/ Teatro de la diversidad sexual en EL TALLER a las 8:30 pm. Y finalmente, el sábado 5 de diciembre se presenta la obra de Elena Guiochins: “BELLAS ATROCES” con la dirección de Fernando Becerril. a las 6 p.m. mientras que a las 7:30 “LESBIANAS AL FRENTE” Presenta: Arias antiguas de ópera, jazz y canción mexicana con Violeta Rodríguez e invitados especiales. Y para cerrar la programación “EL BESO DE LA MUJER ARAÑA” de Manuel Puig, con la dirección de Jorge Zago y con la actuación de Amancio Orta a las 8:30 p.m. en Espacio 1900. Además habrá un espacio para lecturas dramatizadas y la proyección de un ciclo documental de la Historia de la Marcha Lésbica en México.

Cabe destacar que para dignificar el quehacer estético de los artistas LGBT, todos los eventos tienen costos accesibles que van desde donativos voluntarios hasta los cincuenta pesos.

Mayores informes y reservaciones:

http://artslgbt.blogspot.com/

artslgbt@gmail.com

Teléfonos: 2 32 82 40

22 23 61 40 45

22 21 54 72 89

martes 24 de noviembre de 2009

Todos los caminos conducen a Woodstock

“Me apetecía rodar una comedia que careciera de cinismo. Una historia sobre la liberación, la honestidad, la tolerancia y un espíritu ingenuo que no podemos ni debemos perder.”
Ang Lee

La mirada de Ang Lee a Woodstock optó por mostrar el contexto en que surgió un festival fundamental de la contracultura. A pesar de que no pocos imaginan que verán a los grandes de ese momento (Hendrix, Joplin, Baez, Who, Dylan), nada aparece del concierto.

El concierto es el punto ciego en torno al cual gira una verdadera revolución. Nada de la vida gris y sin horizontes volverá a ser como antes. La región era algo menos que una sombra, encerrada, marginada, entregada a la intolerancia y al letargo en medio de la guerra de Vietnam; sus pobladores estaban en quiebra. Con el inesperado concierto, cuyas proporciones y alcances ignoran, los propietarios del motel Mónaco, los Teibor, no sólo logran pagar su hipoteca; se vuelven ricos. La familia entera se transforma. Después del concierto, Elliot se va a San Francisco arrastrado por los aires de libertad. Su madre, en cambio, se queda aferrada a sus casi cien mil dólares, suma que ahorró durante toda su vida, centavo por centavo, chantajeando a todo mundo. Su padre revive por un momento, liberado del rosario esclerotizante de sus síntomas.

En el concierto de Woodstock confluyen una serie de movimientos de liberación: el movimiento hippy, el movimiento de liberación homosexual, el pacifismo, el feminismo con gente común y corriente que quedarán transformados por la avalancha de medio millón de jóvenes que logran entrar al concierto y el millón que se queda atascado en la carretera.

Para Elliot, Woodstck es también el descubrimiento de la homosexualidad, del LSD, de la mota, del menaje a trois, del travestismo… Durante los preparativos del concierto, mientras baila, Elli es besado por un vecino, beso que él regresa ante el aplauso de círculo de danzantes. En esos tres días de acelere, no hay tiempo para estar en el clóset, para descubrirse, dudar y deprimirse, todo sucede rápidamente. Woodstock fue un acelerador, un concierto que alentó la toma de conciencia. El mundo cambió definitivamente.

¿Puede el encerramiento, la inconciencia, cambiar tan radicalmente? La crisis de 1969 prueba que fue un verano irrepetible. Según el director “Fue una fiesta, pero plantó la semilla de muchas ideas políticas relativas a los derechos humanos y el medio ambiente.” Carlos Bonfil, sin embargo, señala que en Bienvenido a Woodstock:

“Los personajes que pueblan el Woodstock de Ang Lee pretenden ser emblemáticos y terminan siendo caricaturas, son tan insustanciales como la metáfora marítima que remplaza a las multitudes, o los ecos de una música que jamás prende porque se juzgó innecesario incluirla de modo significativo.”

Desde mi punto de vista, bien valía explorar el contexto de Woodstock para apreciar cuál fue el punto de partida, qué fue lo que cambió y el contexto que generó esa locura.

Referencias

Carlos Bonfil, Bienvenido a Woodstock, en La Jornada, http://www.jornada.unam.mx/2009/11/14/index.php?section=opinion&article=a09o1esp

Óscar Belategui, “Ang Lee: «Woodstock plantó la semilla de la elección de Obama»”, en ABC.es http://www.abc.es/20090921/espectaculos-cine/woodstock-planto-semilla-eleccion-20090921.html (consultada en noviembre de 2009)

http://www.antena3noticias.com/PortalA3N/noticia/cultura-y-espectaculos/Woodstock-cumple-anos-con-pelicula-homenaje-Ang-Lee/7588147

http://www.antena3noticias.com/PortalA3N/noticia/cultura-y-espectaculos/Woodstock-cumple-anos-con-pelicula-homenaje-Ang-Lee/7588147

Una ventana al Franquismo

'EL LÁTIGO Y LA PLUMA', DE FERNANDO OLMEDA
Historias de supervivencia gay

ELMUNDOLIBRO, 24 de junio de 2004

MADRID.- Mucho se ha escrito sobre la represión política durante el franquismo, pero apenas se ha arañado la superficie de la opresión, legal y social, que sufrieron otros 'opositores', más silenciosos e invisibles: los homosexuales. El periodista Fernando Olmeda -presentador de los informativos de Telecino- relata en 'El látigo y la pluma' las difíciles vidas de muchos homosexuales, mientras describe los engrasados mecanismos de persecución y castigo del régimen franquista.

Su objetivo, "devolver el honor robado" a todos aquellos que fueron ultrajados en tiempos del dictador por su opción sexual.

A través de conversaciones con algunos de los protagonistas -muchos con sus nombres y apellidos, alejado ya el fantasma de la persecución, y otros, todavía, bajo nombre supuesto-, Olmeda retrata con crudeza, pero sin hacer concesión alguna al morbo o al dramatismo, el transcurrir de 40 años de discriminación, hipocresía y clandestinidad. En sus páginas se huele mucha vergüenza, pero también hay grandes ejemplos de superación personal y toneladas de sinceridad refrescante.

El autor comienza y termina su libro con dos parejas de retratos. Los dos primeros reflejan la España fascista de la posguerra y los dos últimos, el fin de una época de represión y condena. "Salí del armario cuando salí del coño de mi madre", declara a sus 80 años Manuel Granda, 'Pirula', quien nunca ocultó su condición y sobrevivió a múltiples detenciones en las cárceles de Franco. José Luis Amarilla, otro superviviente, fue bailarín y llegó a actuar dos veces ante el Generalísimo y su señora.

"En la España de Franco ni había ni podía haber maricones", explica en el prólogo el también escritor y periodista Rafael Torres. Tras la Guerra Civil, el modelo de hombre era el de 'mitad hombre, mitad soldado' o, como destaca Olmeda, "España era un país castrense y castrado" cuya seña de identidad se reducía al "machismo orgánico".

'Paca la Culona'

"Patos", "acaponados", "blancanieves", "sodomitas", "sarasas", "bujarrones", "violetas" son algunos de los eufemismos utilizados para citar a los homosexuales en unos años en que se les asociaba invariablemente con la delincuencia y la depravación moral. No deja de ser curioso, sin embargo, para un país gobernado por un general a quien sus compañeros de armas conocían, entre chanzas, por 'Miss Islas Canarias 1936' y 'Paca la Culona'.

La moral dominante, pues, era la doble. Y doble era la vida que debían llevar entonces los homosexuales. Algunos recurrían al matrimonio de conveniencia, pero la homosexualidad se practicaba lo mismo en las casas de citas que en los cuarteles o en las prisiones y en los seminarios.

Uno de los testimonios más impactantes del libro es el de Juan Soto, 'Katy', que Olmedo califica de "buscavidas de posguerra". Difícil encontrar una biografía tan intensa. Hijo de comunista, era homosexual reconocido y terminó como delincuente por necesidad. Fue violado a los 12 años, se escapó de casa a los 13, le inició en el sexo un cura, empezó a acostarse con otros hombres para estafarlos y robarlos, fue detenido, sometido a un consejo de guerra en Melilla acusado de 'deshonor militar'... y terminó su vida felizmente jubilado en Canarias.

Ley de Vagos y Maleantes

Mediada la década de los cincuenta, se endurece la Ley de Vagos y Maleantes, "que considera al homosexual peligroso 'per se', se le priva de libertad y se le somete a vigilancia para salvaguardarle de sus instintos degenerados", explica el autor. Reveladora resulta al respecto la entrevista que Fernando Olmeda mantiene con un policía de la época que aparece con un nombre supuesto. "¿Mandar a un maricón a la cárcel? Yo, jamás", asegura.

Olmeda recurre a otra galería de personajes para retratar la época: un sacristán que se resiste a poner nombre a su identidad sexual, un poeta que comenzó afiliado a la Falange. También enumera los 'aliviaderos públicos', los lugares donde se refugiaba el 'pecado nefando': descampados, saunas, los últimos vagones del metro, los lavabos de salones recreativos, centros comerciales y estaciones de autobús. Un capítulo especial merece el cine Carretas de Madrid, que cerraron el sida y los robos, y ahora es una sala de bingo.

Escaso espacio ocupa en el libro el lesbianismo, reflejo también de la mayor invisibilidad de las mujeres homosexuales. De hecho, asegura el autor, muchas mujeres ni siquiera tenían conciencia de ser lesbianas, que carecían de modelos autóctonos. Mientras "los hombres frecuentaban bares, saunas, bailes", las mujeres "permanecían en las catacumbas de su individualidad", reflexiona el periodista. Casi el único ejemplo de lesbiana militante que aparece en la obra es el de Empar Pineda, que durante muchos años casi aparecía como la única mujer abiertamente lesbiana del país.

En los setenta se promulga la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, "un instrumento represor de primer orden, porque, al no tipificar delitos, no imponía penas, sino medidas de seguridad para regenerar a sujetos peligrosos". Según las cifras de Fernando Olmeda, un millar de homosexuales fueron encarcelados entre 1970 y 1979 en aplicación de la ley. Entre ellos, destaca, "había muchos peluqueros y pocos estudiantes", la mayoría "prostitutos y afeminados que hacían ostentación pública de su opción sexual". La tolerancia era mayor para los artistas e intelectuales. Muchos de ellos terminaron en el Centro Penitenciario Asistencial de Huelva, que se convirtió en una cárcel para gays.

Despertares

Pero fue también entonces cuando los homosexuales empezaron a hacerse notar en una sociedad española que se abría al resto del mundo y despertaba de 40 años de letargo. Hablan la canaria Rosario Miranda, nacida Domingo Regalado, y Paca la del Puerto, el primer travesti del país. Aparecen los transexuales, "carne de cañón para terapias aversivas y constantes agresiones sexuales". Entre 1970 y 1975 nacen el Movimiento Español de Liberación Homosexual y el Front d'Alliberament Gai de Catalunya. Los homosexuales comienzan a ocupar espacios de la vida ciudadana, 'La guía del ocio' incluye una sección de contactos gay.

La pareja de retratos con que Olmeda cierra 'El látigo y la pluma' son los de Antonio Roig, el carmelita que quedó finalista del Premio Planeta en 1976 con 'Todos los parques no son un paraíso' y fue expulsado de la orden por el contenido homosexual de la obra, y el de Antonio Ruiz, condenado sin juicio tras serle abierto un expediente de peligrosidad que no consiguió destruir hasta 2001.

El punto y final del libro lo pone el autor con una advertencia: la homofobia sigue vigente en España (pone como ejemplo cinco agresiones callejeras a homosexuales). Y un desafío: la igualdad.

http://www.elmundo.es/elmundolibro/2004/06/25/no_ficcion/1088187084.html

reseña difundida por Leopold Estampeamat en FB

lunes 23 de noviembre de 2009

La reina de la belleza despelucada, descoronada

José Dimayuga puso en Face este divertido y trágico video:
vale la pena verlo
lo que causa la belleza, lo que causa el coronamiento de una reina.

viernes 20 de noviembre de 2009

Matrimonio gay imperativo para sacar a la homosexualidad de la jaula de las locas

Matrimonio gay y ética pública

MARTA LAMAS

En octubre pasado algunos representantes de la comunidad LGBT presentaron a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal un proyecto para reformar diversas disposiciones del Código Civil y del Código de Procedimientos Civiles con el fin de instaurar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Dado que en el DF ya existen las sociedades de convivencia, que reconocen contratos de unión y responsabilidad entre personas del mismo sexo, ¿por qué entonces exigir la figura de matrimonio civil? Hace años, cuando la demanda cobró actualidad política en Europa, la revista británica The Economist señaló el quid del asunto: se trata de una exigencia de igualdad ciudadana (6 de enero, 1996). Sí, en el fondo la cuestión es el reconocimiento de lesbianas y homosexuales como ciudadanos con iguales derechos que las personas heterosexuales, incluyendo el derecho de formar una familia.
¿Por qué se oponen los conservadores? Porque no es “natural”, porque va contra el dogma católico y porque, como expresó el diputado Eguren Cornejo, del PAN, “¿qué garantía de vida normal podemos dar a una persona cuando dos personas del mismo sexo lo quieren adoptar, si hoy en día tenemos problemas de familias disfuncionales aun siendo heterosexuales?” (La Jornada, 11 de noviembre). La lógica no es el fuerte del diputado. Así como la heterosexualidad en sí misma no es garantía de funcionalidad familiar, de igual manera la homosexualidad tampoco es garantía de disfuncionalidad. Psicoanalistas con una práctica clínica con familias homoparentales descartan que el supuesto daño psicológico que las criaturas podrían sufrir si se crían en ese tipo de hogar sea mayor que el que podrían padecer en una familia de padres heterosexuales. Además, pensar que la orientación sexual paterna y materna garantiza la salud mental es, precisamente, desdeñar muy convenientemente el hecho innegable de que las familias con padres y madres heterosexuales han estado produciendo de manera sostenida psicóticos, criminales y personas con todo tipo de trastornos de la conducta.
La comunidad LGBT exige igualdad ciudadana, y con ella el derecho a formar una familia, con hijos propios (con reproducción asistida) o adoptados. En el debate sobre la posibilidad de que lesbianas y gays adopten hijos vale la pena recordar el escándalo que se dio anteriormente en relación a las familias monoparentales, las recompuestas y las “artificiales” (a partir de las nuevas tecnologías reproductivas). También entonces los conservadores pusieron el grito en el cielo y lanzaron sombrías predicciones sobre los efectos negativos que iban a tener dichos arreglos familiares en las inocentes criaturas. Hoy, pese a tan tétricos augurios, estas familias han demostrando que de madres solas o de padres divorciados no necesariamente resultan personas delincuentes o anormales.
Las posiciones conservadoras se aferran a una creencia sobre lo “anti-natural” de la homosexualidad y olvidan que justamente la antropología y la historia han comprobado la “naturalidad” de las prácticas homosexuales en todas las sociedades a lo largo de la historia. También ignoran los planteamientos psicoanalíticos sobre la bisexualidad innata de la libido. Pero, sobre todo, desconocen que en una democracia laica y pluralista (como intenta ser la mexicana) no es válido fijar un imperativo ético único a partir de creencias religiosas que postulan un supuesto orden “natural”.
El matrimonio civil de personas del mismo sexo no vulnera los derechos de terceros. Es probable que quienes siguen concibiendo a lesbianas y gays como personas degeneradas o enfermas se nieguen a aceptarlo. Pero asociar la homosexualidad a patología o depravación es ignorancia, fanatismo o mala fe. Un ejemplo de las aberraciones discursivas de la derecha para oponerse al justo reclamo de lesbianas y homosexuales de ser tratados igualitariamente es la frase que soltó el diputado Eguren Cornejo, del PAN: “¿Queremos convertir al DF en la jaula de las locas?”. No, diputado, queremos que siga siendo la ciudad más avanzada del país en materia de derechos humanos.
El exabrupto homofóbico del panista es un indicador de la resistencia que habrá en la Asamblea. Habrá que trabajar para que la sociedad escuche una postura informada científicamente sobre la cuestión. ¿Preocupa el desarrollo psíquico de las criaturas en familias homoparentales? Que se difunda el estado de la investigación sobre el tema, que se hagan foros con especialistas, que se consulte con España, Canadá, Suecia o algún otro de los países que ya han borrado la referencia al sexo en los contratos matrimoniales, lo cual permite que se casen personas del mismo sexo.
El tema del matrimonio gay es el de la igualdad ciudadana. Se equivoca el panista cuando dice que “el PRD busca destruir a la familia como institución básica de la sociedad”. Al contrario, al ser congruente con una ética pública laica y una política antidiscriminatoria, el PRD defiende la postura consistente en que todos los ciudadanos, independientemente de su orientación sexual, tienen el mismo derecho a constituir una familia. Así, el PRD ensancha el sentido exclusivista de la familia tradicional. Veremos hasta dónde dicha ampliación es comprendida por los otros partidos en la ALDF.

lunes 16 de noviembre de 2009

Bruno: ni conversión, ni integración

Bruno: ni conversión, ni integración
o la vida de una jota provocadora en tiempos de cólera fundamentalista

por Antonio Marquet

Ciertamente no resulta atractiva la narrativa de un animador que despliega la mayor ignorancia, falta de escrúpulos y estulticia en su búsqueda de fama sobre todo cuando nuevamente se abona en el cliché de la frivolidad gay. Animador del programa Funkyzeit, Bruno exhibe una ignorancia supina de todos los graves problemas del planeta al tiempo que muestra su erudición en marcas de prestigio, está pendiente de su arreglo personal y de “glamour” (en los niveles de grotesco que bruno alcanza hasta llega a parecerse a martita). Desde esta perspectiva resultan demasiado suaves, e insuficientes, los buenos cinturonazos que le da una Dominatrix tatuada y tetona, “medicina” que debería tragarse para volverse heterosexual, pues sólo los bugas acceden a la celebridad en la sociedad supremachista. Por el contrario, al escapar de las manos de la especialista en dominación, se vuelve aún más jota.

Después de una serie de reveses en su hambre de fama, inesperadamente, la película da un fuerte giro cuando ese retorcimiento llamado Bruno decide volverse machín. Es entonces cuando la cámara capta en directo escenas invaluables y logra un retrato profundo de la aguerrida intolerancia cerril llamada machismo cuyo perfil fundamentalista se despliega en la arena, en el ejército, el coto de caza, en las luchas. Es en esos ámbitos sumamente peligrosos para una jota, de riesgo total, en donde Bruno exhibe toda su mariconería, frivolidad, valor, coraje, es decir de su capacidad de provocación. Las azoradas reacciones del supremachismo provocado en sus meros terrenos valen toda la película. Son indescriptibles los gestos de sorpresa, escepticismo, rechazo, encono, asco, desolación, parálisis, impotencia… Esto es lo más valioso de una película que va de la frivolidad y el hermetismo de ciertos terrenos como la moda y los media, a la realidad pura y dura de intolerancia y provincialismo del Medio Oeste norteamericano.

Aunque el héroe sea una jota y lo buscado no sea el Santo Grial, Bruno descansa en una trama estructurada en torno a una búsqueda. Como tal es de esperarse que el protagonista logre su propósito. Sin embargo, el sentido de la búsqueda se desplaza. Bruno logra entender el contexto social, su entorno profesional y la importancia de su familia (un niño intercambiado por un ipod; su compañero que era su fiel asistente…) así como la banalidad de su propósito en el desenlace. Aunque el esfuerzo sea enorme, y los logros no sean nada despreciables, la trama no logra apartarse del convencionalismo en el que nace.

Entrar a un entrenamiento para reclutas en el ejército (nada mejor para quitarle lo putito), participar en un club de cazadores (¡Que se haga hombre en el cerro! A ver si las bestias lo vuelven bestia), las peleas (que se le quite lo marica a putazos), un club de swingers son los remedios recomendados para obtener la buguización de un gay (desgraciadamente éste es el camino en el que muchos hombres aprenden a ser “hombres”). Estas cuatro actividades son complementarias de la terapia, llevada en un frente a frente, con un predicador fundamentalista.

En contrapunto con esta subtrama siniestra, hay una serie de puntadas buenísimas en la película: cuando Bruno pregunta si a la crisis de Darfur seguirá Darfive; cuando el protagonista no logra establecer la diferencia entre Hammas (un partido político palestino) o hummus (puré de garbanza). O el mismo diálogo que el protagonista sostiene con un convertidor de maricas quien afirma que un hombre cambió su vida: Bruno le pregunta si fue Lagerfeld. Y el fundamentabuguista tranquilamente responde que no, que fue Jesús. Bruno lo vuelve a provocar diciéndole que tiene unos buenos labios felatorios, a lo que serenamente responde el psicosacerdote que los tiene para alabar a Jesús. Modisto o predicador da lo mismo. A final de cuentas, nadie tiene el poder para cambiar la vida de nadie, ni el más frívolo ni el más santo.

La secuencia de las audiciones para niños es devastadora: muestra todo aquello de lo que son capaces los padres con tal de poner a sus hijos en un anuncio comercial: incluso están dispuestos a crucificar a sus hijos como ladrones al lado de Cristo, en un ritual más que absurdo. No les importa arriesgar la vida de los niños y que estos aparezcan ridículos: está documentado cómo dan la autorización con el mayor aplomo.

El balance final de la búsqueda de Bruno a nadie sorprende: el gay está excluido de todo. Aunque se trate del proyecto más banal de celebridad, no hay posibilidad alguna para que logre su cometido. Sin embargo, filmar esos esfuerzos fallidos de manera directa, colocando a la loca frívola en los lugares clave de la sociedad supremachista, permite una amplia panorámica que deriva en conciencia del entorno intolerante. Las reacciones desmesuradas de esos mataputos, o convierteputos, ponen en tela de juicio el proyecto de integración de la comunidad homosexual a una sociedad donde la heteronormatividad es obligatoria.

jueves 12 de noviembre de 2009

Gloria Trevi en el Auditorio

Gloria Trevi en el Auditorio

Tras sacar el niño y a la niña que todos llevamos dentro, vino el turno de sacar a la jota (“Todos me miran”) para terminar con sacar a la cabrona, invocación que introducía la canción de despedida: “Cinco minutos”. El recorrido subjetivo que subyace en las canciones de Gloria Trevi es intenso, fuerte, sin retorno. Ha hecho lo que otros ni se atreverán ante la mirada del mundo.

No deja de llamar la atención la referencia a la coreografía de Village People para la coreografía de “Todos me miran”. En efecto, el cuerpo de marina desfiló para hacerle valla a quien se iba a vestir de reina mientras los reflectores difundían el arco iris por la sala. Las decisiones de libertad apelan a una tradición musical diferente, a un imaginario coreográfico que marcha hacia un mítico Oeste; nada tienen que ver con nuestras fuerzas armadas.

Con niñas, adolescentes, mujeres y gays principalmente, el Auditorio estaba a reventar para recibir a una reina que declaró tener miedo a la capital (?), dado que viene de Monterrey, ciudad donde seguramente reina la concordia y la tranquilidad (aunque las noticias que nos llegan no van en ese sentido). A lo largo de todo el concierto, hubo un marcado distanciamiento con la capital, lo cual le dio un toque chusco al concierto. Aunque reconoció que fue en la ciudad de México donde nació Gloria Trevi y es la ciudad donde el colectivo gay la ungió como su reina, el día del Orgullo.

En todo caso, el viernes 9 de octubre, Gloria hizo lo que quiso con el público “de la capital”: y es que su propuesta fue espectacular; tenía un cuerpo de ballet excelente (los prefiero con un aspecto teibolero que como peluches), músicos de primera (destacó el saxo), luces como merece la reina; incontables cambios de vestido; una producción generosa. Además de ser los boletos de precio más accesible que los del concierto de Pet Shop boys, la producción de Gloria Trevi se los llevó de calle. El público estaba más encendido con ella que con los británicos.

Personalmente, me gustaría que fuera más coherente Gloria Trevi en la construcción de la figura de mujer con una trayectoria provocadora, un icono popular de la liberación femenina y subjetiva. Una marcada dimensión infantil contrasta con la Trevi transgresora, retadora, irónica, inteligente, segura de sí misma, que no le teme a las malas palabras: “sin anillo no hay fundillo”, dijo tras corear “Mujeres, unidas, jamás serán vencidas” y de solicitar a las mujeres que exijan. Prefiero la contundencia de su palabra cuestionadora y los gestos alocados de la Trevi; en cambio, no le creo nada cuando sale de hada o con una imagen aniñada: me desconcierta. Después de soltarse el pelo, ¿a cuenta de qué viene tanto aspaviento por la primera vez, por la virginidad? Hace falta una imagen más coherente que repare estos deslices, estas dubitaciones. Una mujer tan segura de sí, tan echada para adelante, no debería titubear, arredrarse, asustarse de su fuerte empuje. Las concesiones al ángel de la guardia y a la primera vez, la escenografía diseñada con una estética de comic infantil, las varitas mágicas, forman parte de un infantilismo que encaja mal con la otra Trevi a la que no le debería asustar la capital de un país pujante, una ciudad que es su capital, no algo ajeno y lejano de su terruño.

Así que recibe, Gloria, junto con un fuerte aplauso, un voto en favor de menos localismo y de mayor congruencia.